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Hacia 1859, Miguel Ruiz de Villanueva, presidente de la Diputación Arqueológica de Almería (la primera asociación de aficionados a las antigüedades de Almería) y residente en Roquetas, adquirió los terrenos de la Ribera de la Algaida y Los Bajos.
 
En la construcción de un cortijo, ese mismo año, fueron apareciendo «algunas monedas romanas de bronce, capiteles y basas de grandes columnas de cantería, trozos de mármol pulimentados, ánforas y otros objetos de barro» que fueron recogidos. Ruiz de Villanueva notificó estos hallazgos a la Real Academia de la Historia en 1864.
 
La noticia fue acogida con escepticismo hasta que a finales de 1891 se produjeron nuevos descubrimientos. Entonces, socios del antiguo Ateneo y miembros de la Comisión Provincial de Monumentos emprendieron excavaciones en el lugar. Entre ellos destacaban Ignacio Rodríguez Abarrategui y Ramón Blasco Segado (periodistas), Guillermo Massa (médico), Enrique López Rull, Trinidad Cuartara (ambos arquitectos) o Hermann Federico Fischer, (cónsul de Alemania en la ciudad).
 
Dos años más tarde (en 1894) publicaron un informe en el Boletín de la Real Academia de la Historia, que por casi cien años fue la única memoria arqueológica relativa al yacimiento arqueológico la Ribera de la Algaida, permitiendo atribuir el despoblado a la Turaniana mencionada en el Itinerario Antonino.
 
A parte de un pionero, Ruiz de Villanueva (Berja, 1827 – Almería, 1909) fue secretario por muchos años de la Comisión de Monumentos y un activo impulsor de iniciativas de desarrollo para Roquetas y Almería.
 
(Texto de Lorenzo Cara Barrionuevo​)
 
Bibliografía: L. CARA BARRIONUEVO, 2016, 150 años de la arqueología en Almería. Escarbando entre papeles. Instituto de Estudios Almerienses, 2016.
Ilustración: Comunicación de los hallazgos por Ruiz de Villanueva a la Academia de la Historia

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No cabe duda de que la pesca suponía uno de los pilares básicos de la Turaniana romana, que utilizaba el próximo Portezuelo de los Bajos para sus propios barcos y para la llegada de embarcaciones de tamaño medio.
 
La pesca se veía perfectamente complementada con la obtención de sal de forma natural en la zona, que se utilizaba para salar el pescado. Tengamos en cuenta que se trataba de la única forma en la que el pescado se podía conservar para consumirlo en el propio asentamiento o para comerciar con él. En lo que respecta a los moluscos, también debemos señalar el hallazgo de múrex, utilizado para la obtención del tinte púrpura.
 
En esta línea, hoy os presentamos este anzuelo de bronce hallado en el yacimiento arqueológico de Turaniana. Presenta la parte superior aplanada, el vástago rectilíneo y la punta curva, de una sola aleta. Se encuentra doblado por la mitad (si lo extendiésemos veríamos su longitud inicial de casi 12 cm) y con las superficies alteradas por corrosión, atendiendo a las descripciones del Museo Arqueológico de Almería, donde actualmente se encuentra.
 
(Texto de Juan Miguel Galdeano Manzano)
 
Bibliografía: L. CARA BARRIONUEVO y J. CARA RODRÍGUEZ, Roquetas de Mar. Historia y Arqueología, Almería, 1994, edita Instituto Estudios Almerienses [agotado pero disponible en internet]

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Hace pocos años, y una vez «protegido» el yacimiento arqueológico, apareció una estatuilla romana de bronce en unas obras. Es de bronce fundido en hueco por el procedimiento de la cera perdida y muestra una pátina rojiza con cardenillo. Mide 12,5 cm. de altura y posiblemente proceda de un taller del norte de Italia. Puede datarse en el segundo cuarto del siglo I d.C.
 
Viste un corto «chiton» o túnica corta, sin manto que lo cubra, con cinturón oculto que muestra amplias volutas que caen sobre la falda, mientras que las amplias ondulaciones de esta sugieren movimiento a paso ligero.
 
Parece representar a un lar, un genio protector del hogar. A menudo se les mostraba encarnando la apariencia de un joven con túnica blanca e imberbe, que en una mano llevaba una copa y en la otra un cuerno de la abundancia a modo de representación simbólica de la fortuna o la riqueza.
 
Los lares tenían reservado un pequeño templo, a modo de hornacina, a un lado del patio de la vivienda. Al responder a la necesidad de representación familiar, los lares suponen una romanización profunda, pues asumen la tradición ideológica aristocrática romanada presidida por el «pater familias» (y por lo tanto, de ciudadanos de pleno derecho).
 
(Texto de Lorenzo Cara Barrionuevo)
 
Bibliografía: L. CARA BARRIONUEVO, 2008, “Dos estatuas romanas del Campo de Dalías (Almería)”. Farua 11, pp. 20-27.

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Siguiendo la línea de nuestra defensa de las Salinas de San Rafael, en la pieza del mes de diciembre queremos recordar con tristeza las barcazas que se empleaban para transportar la sal, que desgraciadamente ya no existen.
 
Aunque algunos barcos se acercaban al muelle de las salinas para cargar la sal, los de mayor calado se mantenían alejados de la costa y eran los trabajadores salineros quienes se adentraban en el mar con barcas como las de la imagen para entregarles el cargamento. Resultaba una labor compleja, que se complicaba los días en los que la mar estaba más revuelta.
 
Una vez que las Salinas cesaron su actividad a finales de los 80, estas barcazas quedaron abandonadas, sin ninguna administración que las pusiese en valor. Allí estuvieron hasta que un buen día de 1993 pasaron a mejor vida: alguien, seguramente interesado en borrar el legado salinero, decidió prenderles fuego. La noticia llegó a oidos de Gabriel Cara, a quien agradecemos que en aquel momento se acercase a fotografiar el sinsentido de la destrucción del patrimonio histórico roquetero.
 
En definitiva, esta antigua barcaza nos debe servir tanto para conocer la rica historia que hemos perdido en las Salinas como para concienciarnos de que debemos conservar lo mucho que todavía queda en ellas.
 
(Texto de Juan Miguel Galdeano Manzano)

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Paralelamente al «lugar del mes», también vamos a ir publicando piezas encontradas en el yacimiento arqueológico de Turaniana u objetos relevantes para entender la Ribera de la Algaida. Este mes os traemos un espejo romano hallado en Turaniana.
 
En las obras de explanación que emprendió la Unión Salinera en 1958 a lo largo del paraje de El Bosque, en la Algaida, aparecieron diversos objetos de interés. Entre ellos un espejo romano de 15,8 cm de longitud y relativo buen estado de conservación que hoy conserva el Museo Arqueológico de Almería.
 
Para las tareas inherentes al aderezo personal, el espejo se destaca como instrumento fundamental dentro de los utensilios de tocador. Toda mujer poseía varios, por lo general de bronce pulido los mejores o de plomo acristalado lo comunes.
 
Este parece de peltre, una aleación de estaño, cobre, antimonio y plomo. De materia maleable y blanda, su color blanco presentaba alguna similitud a la plata aunque más opaca. También presenta restos brillantes que servirían para reflejar la imagen, observados en la empuñadura.
 
Los espejos son comunes en las necrópolis del Alto Imperio, en bronce o plomo, estos los más pobres. Conforme avanza la cronología es posible encontrar mayor disparidad de producciones. Estos parecen ser del siglo III después de Cristo.
 
(Texto de Lorenzo Cara Barrionuevo)
 
Para ampliar información, puedes consultar en:
 
L. CARA BARRIONUEVO y J. CARA RODRÍGUEZ, Roquetas de Mar. Historia y Arqueología, Almería, 1994, edita Instituto Estudios Almerienses [agotado pero disponible en internet]