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Esta torre reducto se encontraba situada en la playa de los Bajos, en Roquetas (Almería), junto al embarcadero o Portezuelo de los Bajos. Formaba parte del sistema defensivo de la costa del reino de Granada, y en 1767 ya estaba terminada. Se hizo a expensas de Don Pedro de Iriarte.
 
Estaba levantada según el proyecto realizado por el arquitecto José Crame, unos planos comunes diseñados para este tipo de torre en hornabeque, con forma de herradura, que según el RAE significa: «Fortificación exterior que se compone de dos medios baluartes trabados con una cortina. Sirve para lo mismo que las tenazas, pero es más fuerte, por defender los flancos mutuamente sus caras y la cortina».
 
Disponía de dos cañones de a 24 libras, para cruzar el fuego con el Castillo de las Roquetas, impidiendo el desembarco de piratas berberiscos, el contrabando litoral y protegiendo el embarque de cereal, esparto y barrilla que se realizaba en el fondeadero y Portezuelo de los Bajos.
 
Aún podemos observar la superficie de su planta y contorno en las fotos aéreas, estando situada al norte magnético del cuartel de los carabineros. Para situar exactamente el lugar donde estuvo erigida nos ha ayudado el planillo de Don Francisco Salas Almansa, escala 1:400, que rescató del olvido don Juan Pedro Vázquez Guzmán, en su inestimable libro «Vícar: un pueblo, una historia», así como las indicaciones de Lorenzo Cara y Jorge Cara Rodríguez. Parte de la documentación utilizada es del Archivo de Simancas, gracias a la visita que realizaron la historiadora Ana Claro y Gabriel Cara González.
 
Os adjuntamos un planillo de situación para el que hemos usado la fototeca digital del Ministerio de Fomento. Entre los últimos roqueteros que vivieron en el cuartel de carabineros actualmente en pie debemos destacar a José Navarro, Jefe de Puesto.
 
Este artículo parte de un ánimo divulgativo, intentando impulsar nuestro patrimonio y nuestro rico pasado, pues para una investigación integral de esta torre y su contexto pronto os haremos llegar otras iniciativas. No nos cabe duda de que sería interesante rescatar el cuartel para un fin social-cultural, como centro de interpretación de la Ribera de la Algaida.
 
(Texto de Gabriel José Cara Rodríguez)

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A la conocida Turaniana le sucede en el periodo medieval una aldea musulmana que las fuentes árabes llaman «al-Biŷānis», «al-Binŷās» o «Baŷānis». El nombre lo conocemos por los geógrafos al-Udri, nacido en la vecina Dalaya (Dalías) en el siglo XI, y el posiblemente ceutí al-Idrisi. A la hora de describir el camino de Almería a Málaga, mencionan a esta al-Biŷānis como una alquería situada a 6 millas al oeste de Almería, ruta que continúa hacia Berja y Dalías.
 
En cualquier caso, la extensión de al-Biŷānis no alcanzó la de Turaniana, más bien se limitó a su parte norte, en el entorno de Torrequebrada. También se nombra un torre desde donde se encendía fuego para avisar de barcos enemigos, posiblemente una de las existentes en nuestra costa.
 
Los restos arqueológicos que nos han llegado son escasos a la espera de una excavación completa: cerámica medieval y un cementerio árabe. Los enterramientos islámicos se caracterizan por no tener grandes riquezas y carecer de ataúd (salvo excepciones), envolviendo el cuerpo en una serie de lienzos. Posteriormente era depositado sobre su costado derecho y con la cabeza mirando hacia La Meca, tal y como se encontró el enterramiento de un adolescente que presentamos en la imagen durante la excavación arqueológica de 1993.
 
(Texto de Juan Miguel Galdeano Manzano y fotografía del archivo de Gabriel Cara González)
 
Bibliografía: CARA GONZÁLEZ, G. (2004). Roquetas de Mar. 400 años de historia, siglos XVI-XX.

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El Portezuelo de Los Bajos es un fondeadero natural, habilitado para el atraque de pequeños navíos mediante la disposición posterior de un muelle.
 
Esta rada se formó al coincidir el brazo de una restinga formada por una plataforma rocosa de “secos” y piedra de unos 150 m. de longitud y de una anchura indefinida por estar adosada a la línea de costa actual, con otra plataforma litoral, muy irregular, conocida como Los Bajos, dando lugar entre ambas a un espacio intermedio (10.000 m2 aprox.), protegido de la fuerza del oleaje por estas formaciones.
 
En el plano de Coello (1855) aparece formado por dos grandes brazos y con entrada a levante, características que no siempre coinciden en las descripciones.
 
En época romana se mejoraron las condiciones de resguardo con la construcci6n de un muelle de unos 50 m. de longitud y anchura desigual, adosado a diversos “secos”, que moría en uno de los extremos de Los Bajos, orientándose de NW a SE.
 
A partir de los 20 m. alcanza hoy su mayor profundidad (2 a 2,5 m.) y uniformidad, apreciándose en su recorrido superior huellas de hasta tres postes de atraque. A los 41 m. se abre un muro en ángulo recto, de anchura menor, y más deteriorado por los embates del oleaje de levante, cuya función era, según parece, resguardar las naves fondeadas.
 
El muelle estaba levantado de opus (mortero y mampuestos angulosos) sobre sillares, siguiendo la técnica recomendada por el ingeniero y arquitecto romano Vitrubio (5-XIII).
 
(Texto de Lorenzo Cara Barrionuevo)
 
Bibliografía: L. CARA BARRIONUEVO y J. CARA RODRÍGUEZ, 1989, “Puertos pesqueros romanos en la costa meridional”. Rev. Arqueología 93, pp. 8-19.

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La torre almenara que protegía el paraje de los Bajos de Roquetas se llamó «Torre Quebrada» al haberla inutilizado presuntamente un rayo. Era una sólida construcción ligeramente ataluzada de mampostería y alzado de tapial. Medía casi 5,5 metros de lado y a finales de los años cincuenta sus muros alcanzaban todavía los 3,5 metros de altura.
 
A la primera estancia se accedía por una puerta a 2,2 metros del suelo. Pudo tener terraza para prender las fogatas en caso de emergencia pero las escasas fotos que han llegado a nosotros la presentan ya muy maltrecha.
 
Se ha especulado sobre su cronología y función. Joaquín Delgado que fue el primero que la describió (1959), afirmaba que era un mausoleo romano turriforme. En realidad, parece seguir el modelo de torre litoral nazarí de mediados del siglo XIV. Por lo tanto, sería parecida a la de Roquetas, conservada en parte hoy en el interior del castillo de santa Ana.
 
La torre, protegida como todas las fortalezas por una ley de 1949, tuvo la mala suerte de encontrarse en un lugar de amplio potencial turístico. Así, en 1960 se emprendían trabajos de somera urbanización en el entorno y dos años después era volada.
 
Hoy sólo quedan en el lugar los escombros apilados de su triste historia.
 
(Texto de Lorenzo Cara Barrionuevo)
 
Imagen: Torrequebrada, 1960. A la izquierda Joaquín Delgado, aficionado a la arqueología
 
Bibliografía: L. CARA BARRIONUEVO y J. CARA RODRÍGUEZ, 1991, “El poblamiento andalusí en el Campo de Dalías oriental (Almería): discontinuidades y permanencias”. Bol. Inst. Est. Almerienses 11/12L, pp. 21-58.

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Hoy inauguramos una nueva sección, «el lugar del mes», con la que de forma periódica iremos poniendo en valor espacios concretos de la Ribera de la Algaida. Dada la amenaza que se cierne sobre las Salinas de San Rafael, hemos decidido dedicarle nuestra primera edición.
 
Aunque ya existían las Salinas de Cerillos o de Poniente al menos desde el siglo XVIII, situadas en el actual paraje natural de Punta Entinas, las de San Rafael o de Levante iniciaron su actividad a partir de 1905 de la mano de Rafael Rincón del Pino, Rafael Martínez Rodríguez y otros socios. Las situaron sobre unas parcelas de terreno pantanosas y poco aptas para la agricultura: la Algaida.
 
Las Salinas contaban con charcas de dos tipos: los «recalentadores», donde el agua de mar tomaba temperatura para que se evaporase parte de ella y así aumentar la concentración de sal, y los «cuajaderos», donde la sal cristalizaba para su posterior recolección. Además, contaban con un muelle para embarcar la sal, almacenes y viviendas para trabajadores y gerentes.
 
En la década de los 50 se sincronizaron las salinas de Poniente y de Levante a través de un canal que llevaba el agua desde las primeras, que quedaron como «recalentadores», hasta las segundas, que serían los «cuajaderos». De esta forma, la cosecha de la sal se realizaba completamente en las de San Rafael; de ahí las grandes montañas de sal que aparecen en la imagen.
 
En los años 80 se produciría su declive a la par que se fueron urbanizando los terrenos que dejaron en inactividad. Tengamos en cuenta que las Salinas eran mucho más extensas de lo que vemos en la actualidad, pues llegaban por el sur hasta el actual Paseo de los Baños y Avenida de Roquetas.
 
La última batalla de las Salinas por sobrevivir la están librando hoy frente al proyecto Z-SAL-01 aprobado por el Ayuntamiento, que pretende edificar hoteles y bloques de pisos sobre las últimas charcas salineras.
 
(Texto de Juan Miguel Galdeano Manzano)