Historia de Turaniana

TURANIANA COMO YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO

La Ribera de la Algaida-Turaniana, un trozo de historia de Roquetas

El yacimiento arqueológico de la Ribera de la Algaida-Turaniana es uno de los más importantes asentamientos humanos de la historia almeriense, tanto por la envergadura y carácter de los restos estudiados como por su dilatada ocupación cultural y cronológica, destacando también dentro del conjunto de asentamientos costeros andaluces por las excelentes condiciones naturales del emplazamiento que facilitaron la obtención de recursos característicos del litoral como la sal y la pesca.



El yacimiento arqueológico de Ribera de la Algaida-Turaniana, Zona Arqueológica declarada BIC mediante Decreto 174/1991, de 17 de septiembre, tiene una extensión aproximada entre 12 y 13 Ha., aunque la dimensión de sus diversas ocupaciones que se han sucedido a lo largo del tiempo en la zona alcanzaría casi las 20 Ha.

Una historia larga y difícil

En 1859 llamaron la atención de D. Miguel Ruiz de Villanueva, quien desde aquella fecha empezó á recoger las columnas, capiteles, fragmentos de cornisas y otros objetos de mármol á la vez que las ánforas de barro y las monedas romanas que iban apareciendo, con la intención de cederlos al Museo Arqueológico ¡cuando existiese!



Aquellos restos de población seguían abandonados cuando, a finales de 1891, se dirigieron á Los Bajos de Roquetas Ramón Segado, Enrique López y otros inteligentes redactores de La Crónica Meridional, y comenzaron á explorar aquellos lugares, consiguiendo re-descubrir los vestigios de una importante población romana. En la memoria publicada por la Real Academia de la Historia quedaba establecida su extensión en dos kilómetros de largo por más de uno de ancho, hallándose la necrópolis hacia Poniente.

Algunos hallazgos llamaron especialmente la atención: “No bien se ahonda en la tierra, y como á un metro de profundidad -se dice-, aparece una capa, de unos tres centímetros de espesor, de madera carbonizada, huesos y otras materias, por lo que es de presumir que, antes de ser cubierto el suelo por las aguas que arrojan al mar las vertientes de la sierra de Gádor, quizás hubo allí saqueo, incendio y destrucción”.



Entre los objetos encontrados por los excursionistas figuraban más de veinte monedas del tamaño de un duro, tres de ellas eran de Gordiano, teniendo en el anverso la inscripción de Gordiano, Alejandro, Filipo, Máximo y de muchos emperadores más. También se encontraron: una piedrecita negra (probablemente de sortija) que tenía grabado el dios Apolo con un haz de rayos en la mano, así como varios candiles, ánforas y tazas de barro, entre tejas, ladrillos y cenizas.

En 1958 con motivo de los trabajos de la Unión Salinera, salieron una serie de restos prehistóricos, que en opinión de algunos autores, se situaría al Suroroeste y Oeste del asentamiento romano, en contacto con La Charca, antigua laguna donde los roqueteros recogían tradicionalmente turba para los hogares.

Se abrió entonces el proceso de destrucción del yacimiento de manos de la especulación urbanística. El intento de urbanizar Las Palmerillas acabó con la voladura en 1962 de Torrequebrada, una de las pocas torres costeras nazaríes conservadas en todo el litoral del reino de Granada, una destrucción que no pasó desapercibida para la prensa local.

Las primeras fases de ocupación

Son cuatro las realidades cronológico-culturales de las que se tiene constancia arqueológica en la zona, de tres de cuales apenas existen evidencias por más que sean extraordinariamente significativas.

En primer lugar, destaca un pequeño conjunto de cerámicas correspondientes a la Prehistoria Reciente entre las que destaca un fragmento de vaso campaniforme, que probablemente caractericen, como una perduración de la Edad del Cobre final, un horizonte cultural del Bronce Pleno argárico.

En el sector occidental del yacimiento aparecieron diversos fragmentos de cerámica ibérica y tardoibérica, probable resultado de la destrucción de una necrópolis, localizada en los alrededores de un ramal del Camino de la Envía y caracterizada por la existencia de grandes vasijas con la característica policromía y decoración. Otros hallazgos ibéricos, aunque escasos, se extienden a lo largo del yacimiento romano.

En primer lugar destacan las posibilidades pesqueras en Los Bajos y La Charca, comunicada con el mar de manera más o menos directa y permanente, y que podrían efectuarse mediante cerco, utilizando técnicas sencillas.

Turaniana, una ciudad romana del poniente

Son los restos del poblado romano los que caracterizan de manera singular el paraje de la Ribera de la Algaida, vestigios que se corresponden con la Turaniana mencionada en las fuentes clásicas como el Itinerario de Antonino, en el tramo de calzada entre Cástulo (cerca de Linares) y Malaca (actual Málaga). Turaniana sería un vicus o barrio de la ciudad de Murgi, el último municipio de la provincia romana de la Bética hacia levante como menciona Plinio.



La ocupación de la zona en época romana se presenta y desarrolla tanto de forma extensa como intensa, y presenta amplio desarrollo cronológico a la vez que una gran complejidad espacial. Esta ocupación comienza ya en la primera época (periodo republicano) como queda atestiguado por los fragmentos de cerámica campaniense, ya mencionadas arriba, y cuantitativamente poco relevantes; y, sobre todo, la presencia numéricamente mayor de las primeras producciones sigiladas (terra sigillata itálica). Pero el mayor desarrollo corresponde a etapa altoimperial (ss. I al III d.C.) con representaciones de sigillatas procedentes de talleres gálicos (sobre todo subgálicas asociadas, además, con algún ejemplo cerámico tipo marmorata); hispánicas de talleres béticos; y primeras producciones africanas (más numerosas las correspondientes a la T.S. Clara A y en menor medida Clara C). El asentamiento romano prosigue, aunque en menor intensidad y reducción espacial, a lo largo del bajoimperio; hecho atestiguado por producciones nor-africanas (T.S. Clara D; estampilladas), alguna hispánica tardía, etc. A parecer proceden de Turaniana algunas esculturas de bronce y otros hallazgos como vasijas de cristal aunque no se han encontrado inscripciones.

El urbanismo de la población se organizaría siguiendo un eje mayor que seguiría el trazado del camino antiguo de Almería (decumanus), al que atravesarían una serie de calles perpendiculares (cardines).

Los restos constructivos procedentes del lugar son numerosos, entre los que destacan fustes y capiteles de columnas, sillares, umbrales y estucos pintados de viviendas. En algunas zonas, especialmente la más litoral, las construcciones son superficiales o apenas mantienen rellenos. Los muros son de mampostería más o menos rica en mortero o de tapial. Algunos edificios presentan una clara distribución de habitaciones alrededor de un patio central.

Las excavaciones de 1993 y hallazgos aislados han documentado actividades de molienda de cereal (molino o trapetum) y de aceitunas distribuidas por la población. Sin embargo, las actividades pesqueras se localizarían en la zona más litoral, al sur de la población. Según noticias antiguas, en esta área se localizaría también una alfarería.



Las necrópolis ocuparon la zona occidental y septentrional del yacimiento. La primera, y más antigua, fue parcialmente destruida por la Unión Salinera en 1958. El cementerio tardorromano (siglos III a VI) dC) fue prácticamente destruido en 2003, en los trabajos de urbanización de una zona desafectada del BIC de 1991, a pesar de que se conocían hallazgos antiguos procedentes del lugar.

La aldea pesquera de Al-Binyans/Al-Pechiniz

Sobre la ocupación medieval del paraje apenas disponemos de datos textuales. La inestimable referencia de Al-Idrisi, nos confirma la existencia de la aldea pesquera de al-Bayyanis, distante 6 millas (unos 11,1 Km) de Almería, situada en el camino que se dirigía de ésta a Berja y Dalías. El topónimo (Al-Binyans) es recogido un siglo antes por al-‘Udri al relatar el levantamiento de algunos de sus antepasados, posterior al 788 y recoger la leyenda de la muerte de uno de ellos en este desfiladero “que desemboca en el puerto de Almería”.

Esta progresiva reducción del área de ocupación efectiva de la zona queda mayormente constatada para época medieval, que se circunscribe muy preferentemente a los alrededores de los actuales restos de Torrequebrada. Las excavaciones de 1993 documentaron, además de materiales cerámicos, cuatro inhumaciones correspondientes a una necrópolis hispano-musulmana. Las características de dichas inhumaciones: individuos depositados sobre la tierra, en pequeñas fosas superpuestas, y sin ser conformadas dichas tumbas con elemento constructivo.

La ocupación medieval de la zona se extiende desde el siglo IX al XII. Pero el lugar siguió siendo frecuentado a favor de las buenas comunicaciones con el interior que presentan las ramblas. Aún para época morisca, cuando la presión de los nuevos conquistadores obligue a la deserción y al abandono, muchos pasaron allende por esta vía de comunicación.

En época imprecisa pero desde luego no posterior al siglo XIV se levantó la torre, denominada Torre Quebrada o La Torrecilla, que hasta su destrucción en 1962 fue el elemento arquitectónico más característico de todo el yacimiento. Tenía planta cuadrada con poco menos de seis metros de lado, unos tres metros de altura y un metro aprox. de anchura de los muros superiores que formaban la planta baja sobre un zócalo o base maciza.

El Puertezuelo de Los Bajos

El Puerto de los Bajos, denominado El Puertezuelo en mapas y derroteros de costas antiguos, se adscribe al contexto general del yacimiento de la Ribera de la Algaida, un fondeadero natural adaptado para mejorar sus condiciones marítimas, ampliando las posibilidades comerciales del poblado.

A medidos del siglo XIX, Pascual Madoz en su Diccionario nos informa de lo siguiente: “Al N 20º E distante 2 1/2 millas del castillo se halla la torre de Los Bajos con dos cañones. Lleva este nombre por unas piedras que le salen delante, bajo agua, inmediatas a tierra, haciendo figura de un portuezuelo en el que hay 2 brazas de fondo de arena y en donde se suelen abrigar los lindros y otras embarcaciones de poco porte: es de corta distancia y tiene la boca al Sur”. El mapa de Almería del Atlas de España de Coello nos permite conocer el aspecto gráfico del puerto.

La ensenada de Los Bajos la componen dos unidades bien diferenciadas: una restinga natural al Sur y el muelle al Norte. Este es una estructura de hormigón, de unos 40-50 m. de longitud apoyada en los bajos o lastras naturales, con una profundidad máxima de dos metros. La estructura sirvió de atraque pues se aprecian agujeros alineados pero es poco visible al rellenar con arenas las corrientes marinas la zona.

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